HISTORIA DE LOS MOCHIS
En septiembre de 1872, Albert K. Owen, ingeniero civil estadounidense, llegó a la bahía de Ohuira, para hacer estudios para la construcción de vías ferroviarias. Al estar ahí, imaginó una ciudad. Después un grupo de socialistas utópicos estadounidenses atraídos por Owen, construyeron los primeros canales y acueductos para la irrigación del valle. La colonia, organizada bajo los principios del cooperativismo, lo que años después se denominó socialismo utópico, funcionó durante treinta años. Owen nombró a esa ciudad como Pacific City, que actualmente lleva el nombre de Topolobampo.
Los colonos estadounidenses liderados por Albert Kimsey Owen, son la base o plataforma de la fundación de Los Mochis, ya que por los problemas surgidos entre ellos mismos abandonaron Topolobampo para emigrar a diversos poblados de la región siguiendo la trayectoria del Canal Taxtes. Fundaron dos principales poblados, primero El Público y posteriormente El Plat.
En 1890, Benjamin Francis Johnston, contador privado estadounidense, llegó a la región atraído por el proyecto de la ciudad de Owen y ve la oportunidad de explotar los recursos como la caña de azúcar. Edward Lycan, era socio de Zacarías Ochoa, dueño de un trapiche llamado El Águila, cerca de la Villa de Ahome. Entonces al morir Lycan, Johnston se asocia con Ochoa. Después ellos dos fundan una nueva asociación, El Águila Sugar & Refining Company, que después cambia de nombre a Sinaloa Sugar Company y luego a United Sugar Company (hoy es la actual Compañía Azucarera de Los Mochis). En 1898, Benjamin Francis Johnston colocó la primera piedra del edificio de lo que sería una de las fábricas de azúcar más importantes del noroeste de la república. El ingenio azucarero, produjo el crecimiento demográfico de Los Mochis.
El 20 de abril de 1903, se funda por decreto la alcaldía de Los Mochis, durante el gobierno estatal del General Francisco Cañedo. El 1 de junio del mismo año, entró en vigor, y el poblado de El Plat, pasó legalmente a llamarse Los Mochis.
El 20 de diciembre de 1916, municipio de Ahome fue creado por Decreto de la Legislatura Local, segregado del municipio de El Fuerte, y fue designada como cabecera municipal la Villa de Ahome. Pero fue hasta el 5 de enero de 1917, que se instaló el nuevo ayuntamiento que presidió Ramón C. López, quien había sido designado por el gobernador del estado. En 1918 Florencio A. Valdés, fue el primer presidente municipal electo.
El Ayuntamiento de Ahome precedido por Modesto G. Castro resolvió hacer el traslado de la cabecera municipal a Los Mochis, justificándose en que esta población había crecido tanto que superaba con mucho a la de Villa de Ahome, además se habían instalado ahí varias dependencias federales y estatales debido al incremento de los negocios agrícolas y comerciales que se desarrollaban alrededor de esta ciudad. El Ayuntamiento de Ahome, en una decisión con fecha 1 de abril de 1935, permitía el cambio a la cabecera, y la Legislatura del Estado lo sancionó mediante otro decreto que expidió el 10 de mayo del mismo año, el cual fue publicado en el Periódico Oficial del Estado el día 30 del mismo mes. El traslado se llevó a cabo enseguida sin mayores problemas y las oficinas se instalaron en la casa propiedad de Francisco Beltrán, ubicado en la esquina de las calles Miguel Hidalgo
e Ignacio Zaragoza junto al local que ocupaba la antigua sindicatura, en el Centro de Los Mochis.
Llegó a testificar (y existe un mapa original de esa fecha cuya copia está en la Casa del Centenario) que el nombre tuvo un origen más sencillo: “Los Mochos”. Un rancho en las cercanías llamado así porque al fundador de esa familia le faltaba un brazo. Y los colonos que habían quedado de la colonia socialista de Owen y habitaban la zona, degenerando el vocablo, por su extranjerismo, pronunciaban “Los Mochis”, hasta que finalmente quedó: Los Mochis
Los Mochis Sinaloa estaba llamada a ser la progresista y bella ciudad en que hoy se ha convertido. Estando entre las primeras de gran calidad de vida y de las más progresistas en la República Mexicana. Atrás han quedado para siempre, las calles lodosas en temporada de lluvias y de grandes tolvaneras en el invierno. Nunca más las “lluvias negras” del tizne proveniente de las chimeneas y la quema de caña de los campos aledaños. El pesado rechinar de los carretones en donde se hacían acarreos desde el lugar del corte hasta los molinos de la fábrica. Nunca más las posteriores bateas tiradas por camiones y tractores levantando grandes tolvaneras. Y correteadas por los chiquillos de colonias y ejidos para “robarles” la dulce y jugosa caña de azúcar que se les derramaba por todos los costados propinando golosina para los pobres.
Finalmente, la factoría que pataleó agónica en las últimas zafras, ha dejado de existir. Irónicamente Los Mochis Sinaloa, la ciudad que parió jubilosa a principios del anterior siglo, terminó por ahogarla y los cambios del progreso aniquilarla. Más, como el Ave Fénix, ¡de esas negras cenizas fabriqueras ha brotado una hermosa creación! Se ha abierto un extraordinario parteaguas entre la nostalgia y la tradición. La comunidad de viviendas de madera, chozas de techo de tierra, de dos semáforos por la calle principal que eran objeto de la admiración de los lugareños de aquel tiempo, ha tenido la extraordinaria metamorfosis del gusano de seda y ha brotado como mariposa que aletea vistosa en el verdor del Valle. Hoy, Los Mochis Sinaloa, abre sus brazos a los hermanos de México y del mundo que llegan por aire, mar y tierra. Hoy se viste de gala para decirle ¡a todos! Que es una ciudad digna y bella con todas las comodidades y servicios. ¡Vengan! Les dice orgullosa y ufana. ¡Vengan ¡Sean todos ¡muy bienvenidos! Mientras, los que aquí estamos, desde lo más profundo de nuestro corazón, con el más sentido de nuestros respetos …y el más íntimo agradecimiento le decimos: ¡Salve a Los Mochis!…. ¡Salve hermosa Señora del Valle del Fuerte!!!

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